A Francisco todavía no se le adjudican milagros, pero su sola presencia en Ecuador alivió las necesidades terrenales de peruanos sin posada o de colombianos como Julián García que viajó miles de kilómetros para vender la imagen del popular papa en botellas. 

El lunes el parque Los Samanes de Guayaquil hervía de fieles bajo los 30 grados centígrados de temperatura.

La mayoría aguarda el segundo de gloria para ver pasar a Francisco en su papamóvil en dirección al templete donde oficiará su primera misa campal en la gira que emprendió el domingo en Ecuador y que proseguirá por Bolivia y Paraguay. 

En las afueras del parque, García también esperaba con fe. Este colombiano viajó más de 23 horas por carretera, desde su natal Manizales, en el centro oeste de Colombia, hasta Guayaquil.

“Hay que aprovechar el negocio”, dice, afable, este extranjero de 25 años. 

García le debe a Francisco una idea innovadora para su negocio ambulante: botellas de refresco con la imagen del primer papa latinoamericano como etiqueta y llenas de granos de café, figuras de balones y botines de futbolista.

El joven vendedor encontró una fórmula de éxito: la popular imagen del papa, un confeso hincha de San Lorenzo de Argentina, mezclada con el fútbol, la segunda “religión” de los sudamericanos.

Muchas de las botellas que vende hasta en 50 dólares llevan los escudos de equipos ecuatorianos como Barcelona y Emelec.

Cada equipo “va bendecido porque acá está la etiqueta del papa”, afirma, sonriente, mientra ofrece su producto.

 

– “Gracias a él hay negocio” –

 

Pero al papa no solo se lo llevan en botellas. Giovana Arellano, de 26 años, llegó a Los Samanes -donde son esperados hasta 1.5 millones de fieles- con 500 llaveros con la imagen de Francisco que ofrece a dos dólares cada uno.

Esta ecuatoriana guardó una sacrificada vigilia desde la noche del domingo para hacer negocio. Al igual que García aguarda con fe que el papa le alivie los bolsillos. “Esta es una oportunidad para hacer negocio. Gracias a él hay negocio”, afirma.

Las travesías por “vender” al papa -quien ha denunciado el capitalismo salvaje- no solo son de extranjeros. María Castañeda, una comerciante indígena de 46 años, viajó 12 horas por carretera desde Otavalo para que sus hijos pequeños puedan tener la opción de ver al papa.

Pero junto a la fe está la necesidad. Castañeda llegó a las afueras del parque Los Samanes con almohadas, cobijas y camisetas con la imagen de Francisco para la venta.

“Mejor venimos trabajando, para ver al papa”, comenta.

No solo los necesitados de dinero encontraron consuelo en Francisco. También los peregrinos venidos de lejos recibieron posada gratuita gracias al papa, como señalan las obras de misericordia de la Iglesia. 

Gregorio Paredes, un catequista peruano de 28 años, envió más de 60 mensajes por Facebook preguntando por posada para él y otros compañeros que querían escuchar o tratar de ver al papa en su segundo viaje a Sudamérica. 

Solo la familia del guayaquileño Roberto León atendió a su llamado. “Mandé muchos mensajes y solo una persona me respondió. Ella me contactó con varias personas más y ellos son los que ahora nos recibieron”, cuenta a la AFP.

Paredes y su grupo aguantaron un viaje por tierra de 28 horas para asistir a la vigilia y misa papal. 

“Sin nuestros hermanos en Guayaquil, que nos han hospedado, esta travesía no se hubiera cumplido. Francisco creó estos lazos. Todo inició por mensajes de Facebook. Estamos felices. Hemos encontrado una familia”, señaló.

Café chejov cuadro

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