Julian Assange y WikiLeaks causaron sensación con la divulgación de documentos oficiales secretos, pero tres años y medio encerrado en la embajada ecuatoriana de Londres le restaron el protagonismo de antaño.

Fue “Hombre del Año” de la revista norteamericana Time y recibió premios de defensores de los derechos humanos, pero años después parece estar solo, superado por el exagente estadounidense Edward Snowden como el gran confidente de las cloacas de los Estados.  

WikiLeaks fue la pesadilla de Washington desde la difusión a partir de 2009 de cientos de miles de documentos estadounidenses, mensajes militares secretos sobre las guerras de Irak y de Afganistán y cables diplomáticos secretos llenos de confidencias embarazosas sobre dirigentes extranjeros.

El australiano de 44 años, cabellos canos y media sonrisa sarcástica, volvió a una cierta clandestinidad con su entrada en la embajada ecuatoriana de Londres el 12 de junio de 2012. Como cuando evitaba dormir dos noches seguidas en el mismo lugar o cambiaba continuamente los ‘chips’ de su teléfono para borrar su rastro.

La mayoría de los medios que lo apoyaron difundiendo sus primicias han ido tomando distancias. Cambió varias veces de abogados y se enfadó con un estrecho colaborador que terminó por sacar una autobiografía “no autorizada”. “Tal vez sea un falócrata, pero no un violador”, dijo Assange en el libro refiriéndose a las acusaciones de Suecia.

El australiano siempre temió que Suecia fuera solamente una escala hacia un destino final en Estados Unidos, cuyo gobierno estaría deseando echarle el guante para hacerle lo mismo que al hombre que le proporcionó muchos de sus documentos, el soldado Manning, condenado a 35 años de cárcel.

– Una infancia nómada y un talento para la piratería –

Su madre era Christine Ann Assange, una artista que se separó del padre de Julian antes de que naciera. Hasta los 15 años, el futuro fundador de WikiLeaks vivió en más de 30 ciudades australianas diferentes antes de establecerse en Melbourne.

Alumno inteligente, estudió matemáticas, física e informática en la universidad, sin llegar a licenciarse. Le sedujo entonces la piratería informática, y llegó a penetrar en las páginas web de la NASA o el Pentágono con el seudónimo de “Mendax”.

Fue en esa época cuando tuvo a su hijo Daniel, cuya custodia se disputó luego con la madre.

Con la notoriedad de WikiLeaks, se le saludó como un genio informático y un mesías libertario. “El hombre más peligroso del mundo”, se titulaba una biografía suya.

Pero rápidamente, arreciaron las críticas. Las autoridades lo acusaron de poner en peligro las vidas de agentes de inteligencia, y algunos viejos amigos y colaboradores lo describieron como egocéntrico, obsesivo y paranoico.

“El hombre que presume de desvelar los secretos del mundo, no soporta los suyos”, sentenció Andrew O’Hagan, el hombre al que se encargó escribir la autobiografía de Assange y acabó por tirar la toalla.

La habitación en la que vive Assange está dividida en una oficina y una sala de estar. Tiene una cinta para hacer ejercicio, una ducha, un microondas y una lámpara de luz solar artificial. 

Hay unos balcones a los que Assange se ha asomado sólo en unas pocas ocasiones, porque teme por su seguridad. 

“Su existencia es miserable”, resumió este jueves a la AFP su amigo Vaughan Smith.

Equipo Editorial
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