La tumba del barman que servía los tragos al escritor Ernest Hemingway fue escenario este viernes de un inédito brindis con daiquiri preparados por cantineros de Estados Unidos y Cuba en el Cementerio de Colón de La Habana.

Una docena de cantineros de ambos países -que esta semana restablecieron lazos diplomáticos tras medio siglo de enemistad- se congregaron bajo un abrasador sol tropical en el cementerio para honrar al barman catalán Constantino Ribalaigua, conocido como Constante, fallecido en 1953.

Con un minuto de silencio comenzó este singular homenaje frente al mausoleo de Constante, quien fue dueño durante 35 años del bar Floridita de La Habana Vieja, donde ganó fama este coctel a base de ron, jugo de limón y hielo, creado en Cuba a fines del siglo XIX.

“Éste es un evento increíble, es muy importante para cualquier cantinero de cualquier parte del mundo poder estar aquí con la persona que inmortalizó el daiquiri y lo convirtió en uno de los más famosos cocteles de todo el mundo”, dijo a la AFP el barman estadounidense Christian Delpech.

“Hicimos esta increíble ceremonia para él y es un gran placer para mí ser parte de esto”, añadió Delpech, nacido en Argentina y quien ahora trabaja en Miami, luego de hacerlo en Las Vegas.

Varios cantineros prepararon rondas de daiquiri y todos brindaron, en un homenaje en que los participantes destacaron que la reconciliación entre Washington y La Habana permitirá que los estadounidenses disfruten de la coctelería cubana a base de ron, tal como lo hicieron por primera vez durante la Ley Seca en Estados Unidos, de 1920-1933.

Un bar con 200 años de historia 

El homenaje a Constante marcó el inicio de las actividades de celebración del bicentenario del Floridita, que se cumple en 2017, uno de los bares preferidos de Hemingway (1898-1961), quien vivió durante 21 años en Cuba.

“Estoy muy feliz, muy emocionado y muy honrado de estar aquí celebrando no solo el 200 aniversario del Floridita, sino de estar aquí en la tumba del más famoso cantinero en la historia de Cuba”, dijo a la AFP el barman estadounidense Ricky Gómez, de Nueva Orleans, quien es hijo de cubanos.

Constante no sólo preparaba daiquiris especiales para Hemingway (con doble ración de ron, jugo de toronja y sin azúcar), sino que era su amigo.

Junto a la barra del Floridita, hay una estatua de bronce de tamaño natural del autor de “El viejo y el mar” y premio Nobel de Literatura 1954 con la que prácticamente todos los turistas se toman una selfi.

“Son 200 años dentro de una ciudad que cumple 500 (en 2019), creo que llevamos tiempo acompañando a la ciudad” de La Habana, destacó el director del bar, Ariel Blanco.

El Floridita atiende entre 600 y 700 clientes diarios, que pagan seis dólares por cada daiquiri, y es uno de los dos bares más famosos de Cuba. El otro es la “Bodeguita del Medio”, donde Hemingway bebía mojitos, también situado en La Habana Vieja.

Pese a las disputas políticas entre Estados Unidos y Cuba tras la revolución de 1959, el culto a Hemingway se mantuvo vivo en la isla comunista. De hecho él es uno de los escritores favoritos de Fidel Castro.

La casa de Hemingway en La Habana, la “Finca Vigía”, fue convertida en museo por el gobierno revolucionario, luego que la familia del escritor la donara al Estado cubano. Allí también se conserva su yate “Pilar”.

El presidente de la Asociación de Cantineros de Cuba, José Malín, destacó que los norteamericanos empezaron a disfrutar la coctelería cubana durante la prohibición en Estados Unidos de los años ’20.

“La ‘Ley Seca’ fue un desastre para los Estados Unidos, pero sin embargo para Cuba fue el ‘boom’ de la coctelería”, indicó a la AFP.

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