Después de 20 años, el fujimorismo volvió a tomar el control de Congreso de Perú, erigiéndose en la mayor fuerza política del país, esta vez con su máximo líder preso y con la hija de éste, Keiko Fujimori, con posibilidades de ganar la presidencia del país en un balotaje.

Su primera tarea: cambiar la imagen de haber sido un apéndice del Poder Ejecutivo que, en épocas de Alberto Fujimori aprobaba sin dudas ni murmuraciones los pedidos de Palacio de Gobierno. Y, si pierde su candidata, apoyar con la gobernabilidad del país. 

“Se espera un criterio de madurez política. Lo que la población quiere es que Perú avance. Tendrían que actuar de una forma que no evidencie una actitud de obstrucción sino de colaboración”, consideró José Cevasco, exoficial mayor del Congreso, una suerte de gerente de la entidad.

Mientras la oficina electoral termina de escrutar las actas, hasta el momento las proyecciones especializadas le otorgan a la fujimorista Fuerza Popular hasta 68 legisladores de un total de 130. Entre ellos está el más votado de la contienda, el menor del clan Fujimori, Kenji, de 35 años, con serias posibilidades de convertirse en el presidente del Parlamento.

Con el 96% de los votos escrutados, la derechista Keiko Fujimori obtiene un 39,77% de los sufragios, seguida por el economista de centroderecha Pedro Pablo Kuczynski con 21,01%, mientras que la izquierdista Verónika Mendoza queda tercera con un 18,8%. Estos resultados colocan a los dos primeros en el balotaje del 5 de junio.

– Criterios similares-

Si gana Fujimori, tendrá garantizado un apoyo incuestionable en el Parlamento. “En países modernos, el gobierno tiene la mayoría que se requiere para llevar adelante un proceso de gobierno y sacar (leyes) adelante. En teoría, esto es un hecho positivo para quien gobierna con mayoría”, dice a la AFP el constitucionalista Natale Amprimo. El dilema, es el recuerdo de autoritarismo que despierta esta bancada.

Los problemas podrían aparecer para Kuczynski -PPK, por el acrónimo de sus iniciales- cuyo partido Peruanos Por el Kambio -que también lleva sus iniciales- sólo conseguiría 20 escaños.

“En todo caso, en líneas generales, hay similitud de criterios técnicos entre las agrupaciones del PPK y Fujimori”, agrega Amprimo, quien ha sido vicepresidente del Parlamento. “Lo que nos diferencia es que nosotros respetamos la democracia”, ha dicho el legislador Carlos Bruce, del equipo del PPK, en referencia a la autocracia de Fujimori en los 90.

No hay que olvidar los otros 20 asientos que conseguiría el Frente Amplio, de Mendoza, una hazaña para la izquierda en tres décadas, y con quienes se avizoran férreos debates en el Congreso unicameral, ya sea que gane Fujimori o Kuczinski. 

– Temida bancada –

Cuando fue elegido en 1990, Fujimori tenía minoría en la Cámara de Diputados y el Senado. Tras el autogolpe y el cierre del Parlamento en 1992, se reeligió en primera vuelta en el 95, ahora con un Congreso unicameral, y obtuvo 67 curules, cuando el número total era 120. 

“La mayoría fujimorista me trae malos recuerdos de épocas pasadas, de los años 90. A partir de 1992 el Parlamento fue ampliamente fujimorista y la oposición estaba pintada en la pared.  Eso no es bueno para la democracia”, dijo el legislador de Acción Popular,  Víctor Andrés García Belaunde.

Tomó el control de todas las instituciones y, con la ayuda del Congreso, interpretó las leyes para volver a reelegirse en 2000, cuando consiguió 52 curules. Luego estalló un escándalo de compra de parlamentarios opositores, que acabó con su renuncia y condena por crímenes de corrupción y contra los derechos humanos.

En 2001 sólo obtuvo 3 escaños, en 2006 logró 13 y en 2011 obtuvo 37, la primera minoría. “Como minoría ya no fue recalcitrante y concilió en temas centrales”, recuerda Amprimo.

Hoy, pese a su mayoría parlamentaria, el fujimorismo admite la necesidad de tender lazos, cuando masivas protestas se convocan en su contra, sobre todo por jóvenes.

“No vamos a poder gobernar solos”, ha dicho el propio Kenji Fujimori, mientras que su hermana Keiko ya adelantó que, de llegar al poder, cederán las comisiones de Fiscalización e Inteligencia del Congreso a los opositores. “Reconciliación, el país no quiere más pelea”, ha dicho.

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