Berlín, Alemania.

La chilena Camila José Donoso acerca el mundo transexual mexicano al público de la Berlinale con su película “Casa Roshell”, que muestra cómo es una noche en un centro cultural travesti, en el que cada martes y viernes se ofrecen “Talleres de personalidad” para hombres que buscan convertirse en mujeres, aunque solo sea por unas horas.

Roshell Terranova es la dueña del Club Roshell, que lleva once años acogiendo a transexuales en la Ciudad de México. “Nació como dice Roshell para todos los travestis de closet”, comenta a dpa Donoso con motivo del estreno mundial ayer de la película de coproducción mexicano-chilena en la sección Forum, dedicada al cine experimental y de vanguardia. “Es para gente que no se atreve a salir a la calle travestida”, agrega.

Con su primer largometraje en solitario Donoso busca “que la gente pueda sentir una noche estando en el club, pueda sentir esa vida o esa forma de ver la vida” y “poder abrir la mente de la gente”, algo que reconoce que sería “genial” en una sociedad que no ha cambiado mucho respecto a este mundo.

“Lamentablemente hemos perdido compañeras en estos últimos años por violencia, femicidios. Creo que la situación en México y en toda Latinoamérica es bastante complicada con las mujeres travestis, transexuales”, denuncia.

Las personas que aparecen en la película son reales y van habitualmente al club. Sin embargo, la cineasta no lo considera un documental, sino que lo ve más como una ficción.

A través de imágenes que emergen de la penumbra y diálogos que confunden, se va mostrando poco a poco qué significa ser transexual en una época en la que ya no es ilegal, pero sigue siendo desconocido para muchas personas. Aparecen mujeres transexuales, solas o acompañadas de sus parejas, pero también hombres, que buscan tener relación con este “otro tipo de mujeres”, como aclara Roshell en un momento del film.

La directora sumerge al espectador en este mundo que conoció después de estrenar su primera película “Naomi Campbel”, también centrada en la transexualidad, y que se convirtió en un refugio para ella como lo es para las personas que van allí a travestirse, el único lugar en el que lo hacen.

“Aislarte completamente de la sociedad y estar con la misma gente cada semana. Es la misma gente que va cada semana a travestirse. Más que ir a un club normal, digamos como de fiesta, es un pequeño núcleo que se va formando y yo también quise estar allí como también los otros personajes están”, explica sobre el azar que la llevó allí sin buscar un club de transexuales.

A la hora de realizar la película sobre personas que normalmente acuden a ese club para tener libertad en la intimidad, Donoso indica que confiaron desde el principio en ella y se lo tomaron bien.

“Todas las personas que aparecen en la película están viviendo un proceso casi de catarsis con respecto a su ocultamiento. Hay mucha gente que lleva transvistiéndose muy pocos años y que son gente que empezó a transvestirse después de los 60 años. También hay una cosa de querer destaparse. Si me ven ya no me importa”, comenta.

De todas las historias que conoció durante su tiempo allí destaca la de dos hermanos que se reencontraron en el club después de diez años sin verse y que se ven travestidos en el club. “Ese secreto les hace volver a hablar nuevamente después de diez años”, comenta sobre una escena de la película.

Donoso, que a través de su activismo como feminista tiene una vinculación muy importante a través de amigas transexuales y travestis, consigue no caer en estereotipos.

“Normalmente siempre hay un error cuando un hombre representa a una mujer transexual”, agrega esta chilena que vive entre su país y México y que no duda de que el cine ayuda a generar un desarrollo cultural y educacional “muy importante”.

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