Comienza en Alemania el veto a la circulación de automóviles diésel




Hamburgo hizo hoy historia al convertirse en la primera ciudad de Alemania en prohibir la circulación de camiones y automóviles diésel antiguos con el objetivo de mejorar la calidad del aire y ajustarse a los límites a la contaminación que marcan las leyes europeas.

En tramos de dos calles del barrio de Altona-Nord quedó prohibido desde hoy el tráfico de vehículos de gran tonelaje y de utilitarios que no se ajusten a la última norma anticontaminación comunitaria (Euro 6), con la excepción algunos transportes tales como ambulancias, vehículos de reparto o taxis.

La disminución del tráfico en las vías donde se puso en marcha la revolucionaria medida apenas se dejó notar durante la jornada.

En estos primeros días, la Policía de Hamburgo llevará a cabo una labor informativa y no pondrá multas. Más adelante, no respetar las restricciones podrá costar 25 euros (30 dólares) a los propietarios de automóviles y 75 a los conductores de camiones.

Mientras desde el sindicato de Policía de Hamburgo se quejan de la falta de personal para controlar que los conductores se ajusten a la nueva normativa, otras voces insisten en que la calidad del aire tan solo se podrá mejorar si el veto de autos diésel se acompaña de otras medidas.

Entre ellas, citan el aumento del parque de bicicletas y de la oferta de transporte público, la reducción de la velocidad a 30 kilómetros horas en algunas calles, la renovación de la flota de autobuses por otros libres de emisiones, más estaciones de carga para coches eléctricos y restricciones de acceso para barcos altamente contaminantes que atracan a diario en el puerto de la ciudad.

En la ciudad-estado del norte de Alemania, con una población de cerca de dos millones de habitantes, circulan a diario cerca de 265.000 vehículos diésel, según datos de la Oficina Federal de Transporte (KBA). De ellos, unos 165.000 son automóviles viejos que emiten una gran cantidad de gases contaminantes.

El debate sobre la prohibición de coches altamente contaminantes en entornos metropolitanos, que en un inicio tenía en Alemania un carácter puramente local, ocupa desde hace tiempo a la primera plana política del país.

Los esfuerzos se redoblan para hacer equilibrios que sirvan para contentar a la poderosa industria del automóvil germana -de la que dependen miles de puestos de trabajo- y a una ciudadanía cada vez más preocupada por el impacto que las emisiones tienen en el medio ambiente y en su salud.

A ello se suma además la presión de Bruselas, donde la Comisión Europea precisamente la semana pasada demandó a Alemania por no haber reducido suficientemente la contaminación atmosférica.

En 2017, un total de 66 ayuntamientos alemanes superaron los límites de contaminación permitidos. De ahí que en la potencia europea se espere que otras urbes, como Stuttgart o Múnich, sigan el ejemplo de Hamburgo y anuncien próximamente ofensivas contra el diésel.