Fotografía: AFP
Tarhuna, Libia.

Las fuerzas progubernamentales anunciaron el viernes que habían tomado el control de todo el oeste de Libia, infligiendo una dura derrota a las tropas rivales del mariscal Jalifa Haftar, expulsadas de su último feudo en dicha región.

“Nuestras heroicas fuerzas han extendido su control sobre toda la ciudad de Tarhuna tras aniquilar a las milicias terroristas de Haftar”, a 80 km al sur de la capital, Trípoli, anunció el portavoz de las fuerzas del Gobierno de Unidad Nacional (GNA), reconocido por la ONU, Mohamad Gnunu, en un comunicado.

La pérdida de Tarhuna marca un punto de inflexión en el conflicto entre ambos bandos desde el lanzamiento, en abril de 2019, por parte del mariscal Haftar, de una ofensiva para apoderarse de Trípoli, donde tiene su sede el GNA, en plena lucha de poder en este país petrolero sumido en el caos.

En los últimos meses, el conflicto fue escenario de una creciente participación de potencias extranjeras.

El aumento del apoyo militar de Turquía permitió al GNA registrar una serie de éxitos.

El mariscal Haftar, hombre fuerte del este de Libia, tiene el apoyo de Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Rusia.

Desde el miércoles, el GNA anunció sucesivamente la toma del aeropuerto internacional de Trípoli, fuera de servicio desde 2014, así como el control total de las fronteras administrativas del Gran Trípoli (ciudad y periferia) y la toma de Tarhuna.

Los medios de comunicación libios mostraron el viernes el despliegue de las fuerzas pro-GNA dentro de la ciudad.

Sin confirmar directamente los dos primeros reveses, el portavoz de Haftar, Ahmad al Mesmari, informó el jueves por la noche de un “redespliegue” de tropas fuera de Trípoli.

Invocó “una iniciativa humanitaria destinada a detener el derramamiento de sangre del pueblo libio”, asegurando que la decisión de este redespliegue se tomó después de “la aceptación del mando militar de participar en el comité militar bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

– Ayuda extranjera –

Imagen: AFP

El miércoles, las Naciones Unidas anunciaron la reanudación en Ginebra de las negociaciones –suspendidas desde hace más de tres meses– del comité militar (5+5), una instancia que comprende cinco miembros pro-GNA y cinco miembros pro-Haftar, y que pretende alcanzar un alto el fuego en el conflicto.

Todos los intentos anteriores de establecer un alto el fuego duradero fracasaron.

Desde el inicio de la ofensiva, en abril de 2019, cientos de personas, entre ellas muchos civiles, murieron y unos 200 mil terminaron huyendo.

Al lanzar su ofensiva, el mariscal Haftar esperaba una victoria rápida, pero los combates se estancaron rápidamente en el sur de la capital.

Según los partidarios del GNA, algunos comandantes pro-Haftar huyeron hacia el aeropuerto de Bani Walid, una ciudad controlada por tribus locales y situada a 170 km en el sudeste de la capital.

El GNA controla ahora todo el oeste del país con el apoyo local de los grupos armados del oeste de Libia, principalmente los de Misrata,

El mariscal Haftar controla el este de Libia, que incluye la mayoría de las terminales petroleras –bloqueadas por sus fuerzas desde el comienzo del año–, así como una parte del sur del país.

Los recientes reveses del mariscal Haftar “muestran hasta qué punto la ayuda extranjera ha llegado a ser decisiva para ambas partes”, estima Wolfram Lacher, investigador del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP).

En caso de derrota en la batalla de Trípoli, Jalifa Haftar “se enfrentaría a desafíos crecientes para su autoridad en el este y el sur”, añade.

Amnistía Internacional, por su parte, denunció “crímenes de guerra” durante esos combates.