Filipinas
Fotografía: Noel Celis - AFP
Manila, Filipinas.

Filipinas envió de vuelta este viernes a Canadá toneladas de desperdicios que recibió hace varios años y que fueron objeto de un intenso contencioso bilateral, en un momento en el que varios países del sudeste de Asia declaran su voluntad de no querer ser los basureros de Occidente.

Tras una larga campaña para lograr que Canadá reaceptara la basura, el presidente filipino, Rodrigo Duterte, decidió la semana pasada ordenar el envío inmediato de la carga.

En total, 69 contenedores viajan a bordo de un carguero que partió de la Bahía de Súbic, al noroeste de Manila, rumbo a Canadá.

“Baaaaaaaaa bye, como decimos aquí”, tuiteó el ministro filipino de Relaciones Exteriores, Teodoro Locsin, con una foto del carguero navegando.

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“Nos comprometimos con los filipinos y trabajamos en estrecha colaboración con ellos”, declaró el jueves la ministra canadiense de Medioambiente, Catherine McKenna.

Malasia anunció hace unos días que devolvería 450 toneladas de desechos plásticos a varios países, incluidos Australia, Bangladés, Canadá, China, Japón, Arabia Saudita y Estados Unidos.

Malasia no será el vertedero del mundo“, declaró la ministra malasia de Energía, Medio Ambiente y Ciencias, Yeo Bee Yin. “No nos dejaremos intimidar por los países desarrollados”.

– Rebaja de tensiones –

Durante mucho tiempo, China aceptó los desechos plásticos de todo el mundo. Pero el año pasado dejó de hacerlo repentinamente, alegando preocupaciones medioambientales.

Varios países del sudeste asiático que ocuparon el espacio dejado por China están ahora echándose atrás.

“Vimos pueblos vírgenes transformados en vertederos a causa de un tsunami de cargas de desperdicios de Estados Unidos, Reino Unido y Australia tras el veto de China”, declaró Von Hernandez, coordinador de la coalición mundial de oenegés Break Free From Plastic.

La disputa en Filipinas se centraba en decenas de contenedores enviados por una empresa canadiense en 2013 y 2014 y que estaban etiquetados de forma inapropiada, como si contuvieran desechos reciclables.

Este contencioso se prolonga desde hace años, pero explotó en abril, cuando Duterte declaró durante un discurso: “Luchemos contra Canadá. Voy a declararle la guerra”.

Canadá se comprometió a reaceptar los derechos, pero no respetó el plazo fijado por Manila para el 15 de mayo. Filipinas llamó a consultas a su embajador en Ottawa y a sus cónsules generales.

La tensión aumentó cuando Salvador Panelo, portavoz de Duterte, amenazó con enviar inmediatamente la carga y verterla en aguas canadienses.

Filipinas se declaró dispuesta a romper sus lazos diplomáticos con Ottawa.

La devolución de los contenedores rebajará tensiones, previsiblemente. “A todos los cargos que fueron llamados a consultas, ¡suban al avión!”, tuiteó Locsin el viernes.

El ministerio canadienese de Medio Ambiente aseguró recientemente que Canadá “modificó su reglamentación para evitar cualquier futura exportación de ese tipo de materias sin permiso”.

Cada año, se producen alrededor de 300 millones de toneladas de plástico, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). La mayor parte termina en vertederos o en los océanos, provocando una contaminación que la comunidad actual es incapaz de gestionar.

Se calcula que de todo el plástico producido entre 1950 y 2015, solo se recicló un 9%.