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Fotografía: Oliver Hoslet - AFP
Bruselas, Bélgica.

Unos dirigentes europeos cansados se dieron cita de nuevo el martes en Bruselas para intentar escoger quién liderará el bloque los próximos cinco años, ante la manifiesta dificultad a la hora de alcanzar un compromiso en unas maratónicas negociaciones iniciadas el domingo.

Tras una noche en blanco sin resultados concretos, el portavoz del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, anunció el lunes al mediodía que la cumbre quedaba suspendida hasta el martes a las 11H00 (09H00 GMT), rompiendo el optimismo patente entre los diplomáticos poco antes.

“Debemos extraer conclusiones de este fracaso (…) Damos una imagen poco seria de Europa“, dijo el presidente francés, Emmanuel Macron, al término de la reunión del lunes. La canciller alemana, Angela Merkel, dijo esperar un “compromiso” el martes, pese a las “complicadas” discusiones.

Los mandatarios parecían encaminarse a un acuerdo, con un “fuerte consenso” en torno al socialdemócrata, Frans Timmermans, como presidente de la Comisión, según un diplomático europeo, que advertía de una “situación muy volátil”, que acabó no obstante confirmándose.

Pese a quedar en segundo lugar en las elecciones europeas de mayo con 154 escaños de 751, los socialdemócratas conseguían la joya de la corona, a cambio de ceder otros altos cargos al Partido Popular Europeo (PPE, derecha), primera fuerza en los comicios con 182 escaños.

El PPE reclamaba la presidencia de la Eurocámara para el alemán Manfred Weber, pero también la del Consejo, cargo para el que sonaba la búlgara Kristalina Georgieva y que no lograría por la “poca flexibilidad” de los liberales, según el primer ministro búlgaro, Boyko Borissov.

Los liberales, tercera fuerza con 108 escaños y necesario ahora para forjar una mayoría proeuropea estable en la Eurocámara con las dos otras familias, también reclamaban presidir el Consejo, cargo que condicionaba además el color político del puesto de jefe de la diplomacia europea.

“Es realmente complicado. Nos encontramos con tres familias políticas divididas, y ya no dos. Hay muchos intereses diferentes”, dijo el primer ministro holandés, Mark Rutte, apuntando al gran número de “propuestas” y “soluciones provisionales” planteadas a lo largo de la reunión.

“Divisivo” Timmermans –

La tercera cumbre de jefes de Estado y de gobierno desde las elecciones europeas se abrió no obstante con una controvertida propuesta, conocida como el “acuerdo de Osaka”, que generó reticencias tanto entre los dirigentes del Este de Europa como en el seno del PPE.

Los dirigentes conservadores se insurgieron contra su par alemana Angela Merkel (PPE) por no contar suficientemente con ellos para consensuar el pacto en los márgenes del G20 en la ciudad japonesa, junto al socialdemócrata español Pedro Sánchez y los liberales Macron y Rutte.

El español defendió a Merkel y cargó contra el PPE por “no respetar” el acuerdo alcanzado entre Weber y Timmermans, por el que ambos se repartían la presidencia de la Eurocámara y de la Comisión, respectivamente, y dejaba la dirección del Consejo a los liberales.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, cargó por su parte contra un “paquete prefabricado [de altos cargos] construido en otro lugar” por “algunos representantes de los partidos más importantes” y cuyo contenido le dejó “perplejo”, así como a una decena de dirigentes.

Entre estos últimos se encuentran los mandatarios de Polonia, Hungría y República Checa por su dura oposición a la designación de Timmermans como presidente de la Comisión, por ser “un candidato muy divisivo [que] no entiende Europa central”, según el polaco Mateusz Morawiecki.

En su punto de mira están los procedimientos de infracción abiertos por la Comisión contra estos países, especialmente por su rechazo a respetar las cuotas del reparto de refugiados, y, en el caso de Polonia, el procedimiento abierto por su controvertida reforma judicial.

Pero estos tres países únicamente no pueden bloquear solos la designación del socialdemócrata, pero, junto a otros países, pueden comprometer su nombramiento, que necesita al menos 21 de los 28 mandatarios, cuyos países representen el 65% de la población del bloque.

Los líderes buscaban un acuerdo antes de que la Eurocámara se constituyera el próximo 2 de julio, ya que la elección de su presidente condiciona el resto de nombramientos. Ante la incertidumbre sobre los altos cargos, una fuente parlamentaria dejó entrever un nuevo aplazamiento de la elección de líder del hemiciclo más allá del miércoles.

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Los líderes, que también deben escoger al próximo presidente del Banco Central Europeo (BCE), se verían más limitados a partir de entonces en su elección del sucesor del luxemburgués Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión, cargo para el que la Eurocámara también tiene una exigencia.

Los eurodiputados, que deben validar la elección de los mandatarios, exigen que el candidato a presidir la Comisión designado haya liderado a su familia política durante los comicios europeos, una condición que cumplen Weber, Timmermans y, para algunos, la liberal danesa Margrethe Vestager.