El dilema en Europa con la extrema derecha mainstream: aislarla o pactar
El fracaso de Geert Wilders para convertirse en primer ministro en Países Bajos simboliza las dificultades para tejer alianzas de una extrema derecha mainstream en Europa, pese a haber logrado romper su aislamiento y tocar poder en varios países. FREDERICK FLORIN / AFP




París, Francia

El fracaso de Geert Wilders para convertirse en primer ministro en Países Bajos simboliza las dificultades para tejer alianzas de una extrema derecha "mainstream" en Europa, pese a haber logrado romper su aislamiento y tocar poder en varios países.

En Italia, la posfascista Giorgia Meloni lidera un gobierno de coalición con ultraderechistas y la tradicional formación de centroderecha, mientras que Hungría tiene como hombre fuerte al nacionalista conservador Viktor Orban.

  • La formación antiinmigración Partido de los Finlandeses ocupa siete ministerios en un gobierno liderado por el centroderecha en Finlandia, y los ultranacionalistas SNS gestionan tres carteras en el ejecutivo con partidos de centro-izquierda en Eslovaquia.

Este panorama impensable en el año 2000, cuando una coalición en Austria entre la derecha y un partido ultraderechista abrió una crisis política en Europa, se completa con el apoyo parlamentario del partido SD al gobierno conservador en Suecia.

"En el año 2000 no estaban normalizados. Ahora sí y en algunos países son el 'mainstream' como Italia, Hungría y, hasta hace muy poco, Polonia", asegura Ignacio Molina, investigador del centro de reflexión español Real Instituto Elcano.

"En algunos casos se han moderado, han cambiado el discurso. Tienen uno muy claro contra la inmigración, sobre la defensa de las tradiciones, pero no se afirman como antidemócratas" y ya no abogan por "salir de la Unión Europea", abunda el experto.

Un flojo "cordón sanitario"  

En Francia y Alemania, dos países centrales del continente, las formaciones ultraderechistas también están en progresión, al igual que en otras naciones como Portugal, donde el pasado domingo el partido Chega duplicó sus votos en las elecciones legislativas.

Pero en un continente que encadena más de 15 años de crisis --crisis de la deuda, de refugiados, pandemia y efectos económicos de la guerra en Ucrania--, los mejores resultados de la extrema derecha no se traducen siempre en poder.

Los partidos tradicionales en Europa suelen aplicar el llamado "cordón sanitario" para aislar a formaciones consideradas como extremistas, pero esto es posible si se dan "dos condiciones", según el politólogo Gilles Ivaldi.

Una mayoría de electores deben ver "a estos partidos como peligrosos para la democracia" y sus resultados electorales deben situarse por debajo del 15% de votos, apunta el experto del centro Cevipof, de la universidad francesa Sciences Po.

El ejemplo más reciente es Países Bajos. Wilders, quien ganó las legislativas de noviembre, tiró la toalla el miércoles en su esfuerzo por ser primer ministro de una coalición de partidos de centro y derecha y el país se encamina a un posible gobierno de tecnócratas.

"Solo puedo convertirme en primer ministro si TODOS los partidos de la coalición me apoyan. No fue el caso", lamentó el líder ultraderechista en la red social X, reiterando sus lemas: "menos asilo e inmigración" y los neerlandeses, "primero".

Riesgo para la derecha 

"Wilders se ha forjado una identidad de ser la persona que está en contra de las transacciones moderadas", necesarias para ser primer ministro, explica el analista del Real Instituto Elcano, para quien esto lastró su imagen de "interlocutor válido".

Pero este tradicional aislamiento empezó a resquebrajarse en una Europa donde las ideas de extrema derecha, sobre todo, para controlar más la inmigración son adoptadas por países gobernados por centristas (Francia) e incluso socialdemócratas (Dinamarca).

La legitimación de estas ideas plantea además un dilema a los partidos de derecha tradicional sobre si pactar con la extrema derecha para formar gobierno, un movimiento no exento de riesgos, según los expertos.

Molina pone como ejemplo el caso de España, donde los rápidos pactos regionales y municipales del Partido Popular (derecha) con el ultraderechista Vox lastraron sus resultados en las legislativas y sus posibilidades de alcanzar el gobierno nacional.

  • Además, si los partidos de derecha intentan responder a las preocupaciones sobre "la inmigración y la seguridad" retomando las ideas ultraderechistas, "esto acaba siempre por beneficiar a la extrema derecha", abunda Ivaldi.