Lazarote Canarias
Fotografía: AFP
Canarias, España.

Se enamoró de su paisaje volcánico, lo convirtió en una obra de arte, e inspiró un modelo turístico insólito. La isla española de Lanzarote, en las Canarias, celebra el Centenario de César Manrique, su artista total.

Con sus 150 mil habitantes, esta isla de clima privilegiado recibe a unos tres millones de turistas al año.

Pero lejos de la masificación del Mediterráneo español, aquí no hay edificios altos ni macrocomplejos hoteleros, y globalmente se respeta la arquitectura tradicional de casas bajas, sobrias y encaladas.

Tampoco hay publicidad en las carreteras de este árido y ventoso territorio, donde abundan los campos de lava negra y los jardines de ceniza volcánica, y donde la vegetación se limita principalmente a palmeras y viñedos.

El secreto está en la sensibilidad de Manrique (1919-1992), pintor y escultor lanzaroteño que tras hacer carrera en Madrid y Nueva York, volvió a su isla en 1966 para desarrollar su “arte total”, y de paso promover un modelo turístico insólito, basado en la sostenibilidad y la estética vernácula como distintivo de calidad.

“Siempre tuve la intención de regresar, porque sabía que en mi isla había una serie de productos paisajísticos que no eran normales”, decía en vida este artista que, tal como recuerda su hermano Carlos (94 años), dibujaba de niño en la arena de la playa y siempre tuvo “ese don de fijarse en todo”.

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– Austeridad y fantasía –

De vuelta a Lanzarote, Manrique se hizo con 20 mil m2 de terreno en torno a cinco burbujas creadas de forma natural en una colada de lava.

Con ayuda de pequeñas cargas de dinamita, abrió pasillos para comunicar las burbujas, que acomodó a modo de salones, con banquetas para sentarse y el suelo y la pared encalados.

Arriba, al nivel del terreno, hizo construir la planta superior, sembrada de amplios ventanales y espaciosos baños con vistas a los campos de lava y los volcanes de la isla.

“La relación entre arte y naturaleza es el eje genético de Manrique”, explica a AFP Fernando Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique, con sede en la que fuera casa del artista de 1968 a 1988.

Entusiasta, hedonista y muy sociable, la sobriedad es sin embargo una constante en la obra de Manrique, fiel al estilo arquitectónico local.

“El lujo viene de la naturaleza, no es un lujo de ostentación”, apunta Gómez Aguilera, cuya Fundación celebra con un rico programa, de abril de este año a abril de 2020, el centenario del nacimiento de Manrique.

El artista pronto se encontró con la complicidad de Pepín Ramírez, amigo de infancia y presidente del Cabildo, la autoridad que gobierna la isla. Y es que éste, además de facilitarle los técnicos y operarios indispensables para materializar sus proyectos, tuvo el coraje de anteponer la oferta artística a las infraestructuras.

“Fue una apuesta política; invirtió el orden, y ganaron la partida”, resume Gómez Aguilera.

La joya de la corona, fruto de todo este trabajo, son los Jameos del Agua, una impresionante instalación realizada a lo largo de 12 años en un tubo volcánico, dotado de restaurante, bar, piscina, terraza y auditorio, todo ello respetando una charca donde habita una especie única de cangrejo.

Igualmente, Manrique dejaría para la posteridad el Mirador del Río -un restaurante sobre un acantilado con vistas al Atlántico y la isla de La Graciosa-, el Jardín de Cactus, o el restaurante El Diablo, con una vista de 360ª a los campos de lava del parque de Timanfaya.

Su labor no terminó ahí, pues al mismo tiempo ejerció una labor pedagógica entre sus coterráneos.

“Iba a los pueblos, hablaba a los campesinos, y les decía: tu casa es preciosa, cuídala, no dejes que se te venga abajo, que es una buena arquitectura”, cuenta Toñín Ramos, electricista y estrecho colaborador de Manrique.

“La gente sigue teniendo conciencia de que su casa, su entorno, tiene que ser cuidado (…) eso arraigó y todavía sigue en vigor, esa conciencia medioambiental, que es una conciencia estética”, abunda Marcial Martín, ex director de la red de centros de arte, cultura y turismo (CACT) diseñados por Manrique.

– Un modelo frágil –

Manrique desarrolló su obra cuando Lanzarote, tras siglos de pobreza y abandono, emprendió un giro radical, pasando de la pesca y la agricultura de subsistencia al turismo, ahora más del 80% de su economía.

“Intuía que como esta isla no se controlara, su crecimiento y su desarrollo iban a ser un desastre, y lo sabíamos por el precedente de Tenerife y Gran Canaria”, expone el músico y pintor Ildefonso Aguilar (74 años), creador de la ambientación sonora de Jameos del Agua.

Según las fuentes consultadas, el modelo se mantiene grosso modo en una isla que en los últimos 20 años cuasi duplicó su número de visitantes.

“La isla ha sido respetada, y se ha evitado la acumulación de cemento de otros lugares”, concuerda María Letizia Maggio, una turista italiana que visita Lanzarote por tercera vez.

Marcial Martín critica que en las zonas donde se concentran los hoteles “hay una estandarización que da pena”, y lamenta que desde la muerte de Manrique, en un accidente de tráfico, no haya habido “obra original”.

Pero sobre todo, alerta de la fragilidad del modelo. “Es un territorio muy frágil, que a poco que lo rompas, es tremendamente difícil, si no imposible, volverlo a restaurar. Tenemos que cuidarlo”.