Biopsias con rifle rastrean mercurio en mamíferos en la Antártida
Vista de un iceberg en el Estrecho de Gerlache, que separa el Archipiélago Palmer de la Península Antártica, en la Antártida el 15 de enero de 2024. (Foto de Juan BARRETO/AFP)




<app-location-line>Isla Livingston, Antártida.</app-location-line>

Un disparo interrumpe el plácido sueño de una foca leopardo en la Antártida. El investigador Diego Mojica baja su rifle, se acerca a la plataforma de hielo flotante y recoge un pequeño corte de piel del animal para analizar luego si tiene rastros del nocivo mercurio.

El mamífero, uno de los mayores depredadores del "continente blanco" junto a la orca, apenas se mueve por el impacto de la biopsia remota.

El biólogo marino colombiano baja de la embarcación en la Isla Livingston, se acerca al trozo de hielo y recupera el dardo rojo que contiene los escasos centímetros de pellejo de la foca.

Un equipo de la AFP acompaña la jornada de investigación en medio de icebergs. Mojica se dice emocionado, pues es inusual encontrar a tan pocos metros una foca leopardo, generalmente una especie solitaria y agresiva que se alimenta de pingüinos.

  • El investigador de la Fundación Malpelo de Colombia y otros Ecosistemas Marinos va siempre con un rifle de aire comprimido, adaptado para lograr este tipo de estudios científicos.

Analiza en los confines de la Antártida los niveles de concentración de mercurio utilizado por el hombre a miles de kilómetros en actividades como la minería artesanal e industrial. Examinará más tarde las muestras recabadas junto a colegas en Bogotá y Francia.

Ese metal pesado es nocivo para su salud y llegó hasta el mar con la corriente de los ríos o porque fue "volatilizado a la atmósfera y posteriormente" terminó en los océanos "a través de las precipitaciones", explica Mojica, uno de los tripulantes de la X Expedición Antártica de Colombia.

Razones no le faltan para llegar a esa conjetura. En la década pasada, científicos de la Universidad española de Murcia hallaron mercurio en las plumas de pingüinos barbijo de la Isla Rey Jorge, el punto de la Antártida más cercano a América.

La mancha de contaminación parece extenderse hacia el sur en la Isla Livingston y el Estrecho de Gerlache, un canal natural repleto de fauna en el que también trabaja Mojica.

De eslabón en eslabón 

La Asociación Mundial sobre el Mercurio de la ONU advierte que los mamíferos marinos "son especialmente susceptibles a la contaminación" con ese metal que se convierte en líquido a temperatura ambiente, pues están "en la cima de la cadena alimentaria".

Mojica abandona cada tanto el coloso ARC Simón Bolívar, el buque de la Armada de Colombia que lleva a varios investigadores colombianos y de otras nacionalidades hasta la Antártida, para inspeccionar en bote paraísos de hielo y nieve poco explorados por el hombre.

  • En una de esas excursiones se halla rodeado de ballenas jorobadas. Cuando los gigantescos cetáceos asoman el lomo o la cola afuera del agua, el investigador vuelve a desenfundar su rifle, cuidadoso de apuntar en diagonal ante el fuerte movimiento que provocan las olas.

El proyectil provoca en los animales apenas un rasguño de pocos centímetros. En esa oportunidad Mojica recoge con una malla las muestras superficiales de piel y grasa que quedan flotando en el Océano Antártico. Las jorobadas consumen inmensas cantidades de kril, crustáceos susceptibles a la contaminación con mercurio.

Bajo el análisis de sofisticados equipos esos fragmentos ayudarán a determinar "si efectivamente esa bioacumulación (del metal) ha pasado a un efecto de biomagnificación, es decir si se ha trasmitido ese mercurio de eslabón en eslabón" en la cadena alimenticia, explica Mojica.

Según la oficina de la ONU, si un animal consume mercurio podría sufrir "fallos reproductivos, cambios de comportamiento e incluso" podría morir.

En 2013, 140 países firmaron en Kumamoto (Japón) el Convenio de Minamata sobre protección a la salud humana y del medio ambiente contra este contaminante.

Los signatarios, varios de ellos con bases científicas en la Antártida, se pusieron la fecha límite de 2032 para acabar con el uso de mercurio en la minería.

"Queremos aportar un granito de arena para poder, en la medida de las posibilidades, (proponer) medidas plausibles para la conservación y protección de estos carismáticos mamíferos", dice Mojica.

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