Fotografía: Felix Hörhager - DPA
Múnich, Alemania.

La célebre Fiesta de la Cerveza alemana, la Oktoberfest, fue suspendida este año por la pandemia de coronavirus, pero hoy de todas formas se festejó en Múnich.

A las 12:00 horas, cuando el alcalde abre tradicionalmente el primer barril, el Theresenwiese  que suele ser el principal centro de reunión, permaneció en silencio, más allá de unos pocos visitantes. Sin embargo, la celebración se trasladó a numerosas cervecerías y restaurantes de la ciudad alemana.

Entre otros, el ex alcalde de Múnich Christian Ude festejó en la cervecería Schillerbräu en las cercanías de la estación central con dos golpes y “unos cuantos más”, según señaló.

El barril que debió abrir Ude era de solo 20 litros y había sido sacudido recientemente, ya que fue colocado en el lugar poco antes del inicio del festejo, a diferencia de la celebración original, cuando el gigantesco barril de 200 litros se deja varios días antes en el lugar y ya no se mueve más.

En 2013, Ude había inaugurado la Oktoberfest como alcalde abriendo el barril solo con dos golpes de martillo y se convirtió así en el primero en conseguirlo tan rápido en toda la historia del tradicional festejo alemán.

Con el programa de este año denominado “WirtshausWiesn”, el nuevo nombre que se le dio a esta versión de la Oktoberfest en las tabernas ya que no se puede celebrar en el parque cervecero, los restaurantes de la ciudad quieren recrear aunque sea un poco el clima festivo del popular evento.

Cuentan con la cerveza original, los tradicionales platillos de pollo y cerdo “Hendl” y “Haxn” y los pretzel, y en algunos lugares también la música que cada año alegraba la Oktoberfest, aunque sin instrumentos de viento para evitar posibles contagios. Además, desde hace varias semanas se distribuyeron por distintos puntos de la ciudad numerosos juegos de atracción de feria en el marco del denominado “verano en la ciudad”.

Con esta versión del evento, los locales gastronómicos de Múnich rememoran la Oktoberfest de 1810. Aquel año se celebró una boda real en el Theresienwiese con carreras de caballos, por lo que se bebió, comió y cantó en las posadas de los alrededores.

El actual alcalde de Múnich, Dieter Reiter, quien debió haber abierto este año el primer barril, no celebró este sábado. Dijo que pensaba con nostalgia en la celebración que no pudo hacerse, pero pidió a todos los quisieran festejar que respetaran el protocolo sanitario por el coronavirus.

Múnich superó el viernes con 50,7 la crítica tasa de incidencia semanal cada 100 mil habitantes. Este sábado el valor subió a 54,2. A inicios de la próxima semana se reunirá un comité de crisis para analizar si se toman medidas de restricción adicionales.

Para evitar festejos descontrolados con alto riesgo de contagio de SARS-CoV-2, la ciudad impuso a partir de hoy una prohibición de ingesta de alcohol en el Theresienwiese, donde cada año se beben millones de litros de cerveza. Una hora antes de que entrara en vigencia la medida, un grupo de fanáticos vestidos con trajes tradicionales se reunió en las escaleras de la estatua de Baviera para brindar con sus jarros de cerveza. Muy cerca, otras personas se realizaban los test de coronavirus, ya que se instaló en el lugar una tienda de atención médica.

A las 12:00 horas, en el Theresienwiese se escucharon algunos “O’zapft is” aislados, la frase con la que cada año el alcalde de turno de Múnich abre la Oktoberfest. Allí se reunieron algunos pequeños grupos.

También hubo una manifestación de defensores del medio ambiente. La red “Klimaherbst” aprovechó el prado vacío para realizar una marcha con unas cien personas bajo el lema “Desfile de los héroes climáticos”.

El colorido desfile incluyó un carruaje eléctrico en el que bailaban mujeres jóvenes con trajes tradicionales, un burro, árboles en carreta, gente vestida de vaca y niños en bicicleta.