El partido antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD) comenzó este sábado un congreso de dos días, marcado por luchas intestinas a cinco meses de las elecciones legislativas y perturbado por manifestaciones de protesta e incidentes con la policía.

Dos policías resultaron ligeramente heridos en enfrentamientos con los manifestantes que, entre abucheos y canciones de protesta, trataron de impedir que los 600 delegados del AfD ingresaran en un hotel de Colonia (oeste), donde se celebra hasta el domingo su congreso.

Se espera para este fin de semana una manifestación de protesta que podría reunir hasta 50.000 personas. Para ello se ha desplegado un dispositivo de seguridad con 4.000 policías.

Esta reunión de la AfD pretende colmar la fractura interna entre los “realistas”, que no quieren que el AfD se asimile a la extrema derecha, y los que defienden una posición más dura, en la que pueden abundar las expresiones racistas y abogan por una “oposición fundamental” al sistema.

Pero una reconciliación parece poco probable tras el fracaso, nada más iniciarse el congreso, de la codirigente del partido, Frauke Petry, en sumar apoyos para un programa moderado basado en la estrategia de su “realpolitik” para llevar el partido al poder en 2021.

Los delegados rehusaron votar su moción infligiéndole un duro “revés” según los medios alemanes.

– Tensiones internas –

La búsqueda de una línea común es importante pues estas controversias internas están acompañadas por un retroceso de la popularidad de partido, liberal en lo económico y que se reivindica como antiislam, euroescéptico y defensor de los valores familiares tradicionales.

El AfD había conocido una fulgurante progresión durante la crisis migratoria de 2015-2016, cuando la canciller Angela Merkel abrió el país a más de un millón de solicitantes de asilo.

Frauke Petry, de 41 años, sorprendió el miércoles al anunciar que no quería encabezar las listas de la formación en las elecciones de septiembre, dejando a la formación en una situación embarazosa por falta de candidato.

El partido podría por consecuente encarar la campaña sin cabeza de lista.

Petry afirma que las “tensiones internas” y los deslices racistas han creado “una erosión drástica del potencial electoral” del partido.

La codirente del partido, inspirada por la francesa Marine Le Pen, quiere pues ampliar su electorado en un país aún marcado por su pasado nazi.

– Combate de jefes –

Su principal adversario interno es Alexander Gauland, de 76 años, cuyo campo dispone de mucho apoyo en el este de Alemania, el gran bastión electoral del AfD.

Hasta ahora Gauland ha sabido resistir a los ataques de su compañera e incluso frenó la expulsión de responsables del partido que hicieron controvertidas declaraciones sobre el nazismo.

“Parece que este fin de semana en Colonia pasará lo que tenía que pasar en el AfD, un gran enfrentamiento o incluso la escisión”, resumía el periódico Süddeutsche Zeitung.

Hasta hace poco el AfD sumaba éxito tras éxito, logrando incluso escaños en 11 de las 16 asambleas regionales alemanas. Los sondeos atribuían entonces al AfD hasta un 15% en intenciones de voto.

Desde enero ha bajado hasta el 7-11% pero sigue en un nivel histórico para un partido de este tipo en la Alemania de posguerra. Aún así el AfD parece estar lejos de alcanzar en septiembre un resultado de dos cifras en las legislativas que le permita convertirse en el tercer partido del país.

La reciente subida de la popularidad de Merkel y el nuevo liderazgo del socialdemócrata Martin Schulz también son malas noticias para el AfD, pues suponen un afianzamiento de las dos grandes y tradicionales formaciones políticas del país.

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